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La relación entre el descenso estrogénico y la inflamación silenciosa

 La relación entre el descenso estrogénico y la inflamación silenciosa es uno de los mecanismos más relevantes —y menos explicados— de la transición menopáusica.

Por Nayra Gómez, enfermera especialista en menopausia, inflamación crónica de bajo grado y metabolismo femenino.

¿Qué es la inflamación crónica de bajo grado?

La inflamación crónica de bajo grado, también conocida en la literatura científica como inflammaging, es un estado proinflamatorio sistémico de baja intensidad que se mantiene de forma sostenida en el tiempo. A diferencia de la inflamación aguda —esa que reconocemos como enrojecimiento, calor o dolor localizado— la inflamación de bajo grado no duele de manera evidente, no tiene fiebre, no tiene síntomas claros. Pero actúa de forma silenciosa dañando tejidos, alterando el metabolismo y favoreciendo la aparición de enfermedades crónicas.

Este proceso es especialmente relevante durante la transición menopáusica, porque el descenso en los niveles de estrógenos elimina uno de los principales mecanismos antiinflamatorios naturales del organismo femenino.

«Los estrógenos tienen un potente efecto antiinflamatorio. Cuando sus niveles caen en la menopausia, el cuerpo pierde ese escudo protector y la inflamación crónica de bajo grado tiende a aumentar de forma significativa.»

El papel de los estrógenos en la inflamación

Durante los años fértiles, los estrógenos —principalmente el estradiol— modulan la respuesta inmunológica y frenan la producción de citocinas proinflamatorias como la IL-6, el TNF-alfa o la PCR. Esta función protectora es invisible mientras está activa, pero se hace evidente cuando desaparece.

La perimenopausia y la menopausia suponen, fisiológicamente, una transición desde un entorno hormonal antiinflamatorio hacia uno proinflamatorio. Este cambio explica por qué muchos de los síntomas de la menopausia —sofocos, dolores articulares, fatiga, alteraciones del sueño, cambios de humor, aumento de peso abdominal— tienen como sustrato común la inflamación crónica de bajo grado.

Síntomas con raíz inflamatoria en la menopausia

Desde mi práctica como enfermera especialista en menopausia e inflamación crónica de bajo grado, observo con frecuencia que muchas mujeres consultan por síntomas que parecen desconectados entre sí, cuando en realidad comparten un mismo origen: el estado proinflamatorio generado por el déficit estrogénico.

  • Sofocos y sudoración nocturna

    Relacionados con la disfunción del centro termorregulador hipotalámico, en la que la inflamación juega un papel relevante junto al déficit de serotonina y noradrenalina.

  • Dolor articular y muscular

    La inflamación sinovial de bajo grado es más prevalente en la menopausia. Muchas mujeres refieren dolor en manos, rodillas o caderas que antes no tenían.

  • Fatiga crónica y niebla mental

    Las citocinas proinflamatorias afectan directamente a la función cognitiva y la gestión energética. La fatiga que no mejora con el descanso es una señal inflamatoria frecuente.

  • Aumento de peso abdominal

    El tejido adiposo visceral no es metabólicamente inerte: produce citocinas proinflamatorias, lo que crea un ciclo donde la inflamación favorece la acumulación de grasa y viceversa.

  • Alteraciones del sueño

    Los marcadores inflamatorios alteran los patrones de sueño profundo. El insomnio, a su vez, aumenta los niveles de inflamación, generando un círculo difícil de romper.